Las normas de Japon que nadie te va a explicar en voz alta
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Hay un momento, normalmente sobre el segundo dia de viaje, en el que cualquier turista en Japon se da cuenta de que ha estado haciendo algo mal sin que nadie se lo dijera directamente. Los japoneses rara vez corrigen a un extranjero en voz alta, prefieren la incomodidad silenciosa antes que el conflicto, y eso deja a mucha gente volviendo a casa sin saber que rompio media docena de normas sociales sin darse cuenta.
El volumen de voz es la primera sorpresa. Hablar alto en el metro, en un restaurante pequeno o incluso caminando por la calle se percibe como una falta de consideracion hacia quienes te rodean, no como algo neutro. La regla no escrita es simple: si puedes evitar que tu conversacion llegue a la mesa de al lado, hazlo.
Comer o beber mientras caminas tambien incomoda mas de lo que uno esperaria. No es una prohibicion legal ni nada parecido, es una costumbre arraigada que asocia la comida con un momento de pausa, no con multitarea urbana. Por eso los konbini, esas tiendas de conveniencia omnipresentes, suelen tener una zona pequena junto a la entrada pensada justo para eso: comer ahi mismo, no de camino a ningun sitio.
Las propinas generan el malentendido contrario, el turista que insiste en dejarlas pensando que es un gesto amable, sin saber que en muchos sitios puede interpretarse como una falta de confianza en el precio ya justo que se cobro, o directamente como algo confuso que obliga al camarero a perseguirte por la calle para devolverte el cambio.
Y luego esta el silencio en el transporte publico. Nada de llamadas telefonicas en el tren, nada de musica sin auriculares, nada de conversaciones a volumen normal en trayectos largos. Es uno de los primeros choques culturales que sufre cualquier visitante, y tambien uno de los que mas rapido se agradece una vez entendido: viajar en un vagon silencioso, sin el ruido constante al que estamos acostumbrados en otras ciudades, tiene algo profundamente relajante.
Ninguna de estas normas esta escrita en ningun cartel turistico. Se aprenden observando, o en el peor de los casos, notando esa mirada incomoda que nadie te va a explicar en voz alta. Merece la pena llegar sabiendolo.
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